Empatía afectiva: formando líderes más humanos

El pasado 2 de Mayo fue el Día Internacional Contra el Acoso Escolar y aunque la actitud de todos nosotros hacia el bullying es claramente de repulsa y lucha contra esta lacra, he considerado oportuno hablaros sobre un factor clave para paliar parte del problema: la empatía. Hace un par de meses, publiqué una entrada dedicada a las 21 habilidades blandas imprescindibles para este Siglo XXI y al mencionar la empatía, señalé la diferencia entre cognitiva y afectiva. La empatía consiste fundamentalmente en entender el estado emocional de los demás y ponerse en su lugar, por ello, forma parte de las destrezas de la inteligencia emocional. Los motivos por los cuáles se debe fomentar la empatía desde la infancia son diversos. En nuestro caso de entrenamiento de habilidades de liderazgo, es evidente que un líder auténtico con talento, pasión, creatividad y comunicación puede llegar alto, pero sin duda con empatía y valores llegará a la cúspide, principalmente, porque lo primero que hay que cultivar activamente es nuestra humanidad.

Si volvemos al tema del acoso escolar, encontramos que promover el desarrollo de la empatía puede tener un lado oscuro. ¿Por qué? La razón la contemplamos cuando el agresor sabe cómo y cuándo hacer daño a la víctima y consigue que el resto de sus compañeros no le condenen por ello. Esto se produce porque la parte cognitiva de la empatía favorece la manipulación y sirve de herramienta para herir a los demás. Cuando trabajamos la empatía es difícil no caer en el tópico ‘ponte en sus zapatos y dime cómo crees que se estará sintiendo’, obviamente, primero debemos intuir los sentimientos del otro para después poder ayudarle. Sin embargo, los agresores utilizan esta información para cometer la agresión. Son empáticos cognitivos, por lo que saben analizar muy bien a los demás aunque no les importa qué sienten. Por esto, sería recomendable que acto seguido a la tarea de ‘ponte en sus zapatos…’ impulsáramos actividades de reflexión emocional en las que los niños deban pensar qué situaciones han vivido ellos de forma similar, cómo les afectaron aquellos episodios, quiénes les ayudaron, qué o quién les hizo encontrarse mejor,… ya que de esta manera, estaremos construyendo en la dirección de la empatía afectiva. Ésta favorece la sensibilidad emocional y un comportamiento congruente con valores y principios universales.

Antes de realizar el ejercicio que os propongo en esta entrada, sería aconsejable haber introducido las emociones y trabajado con ejercicios dedicados al autoconocimiento personal en otras sesiones. Igualmente, os animo a crear un ambiente marcado por la generosidad, ya que favorecerá la manifestación de conductas prosociales entre los niños, algo imprescindible cuando hablamos de ayudar a los demás y fomentar la empatía afectiva.

Confucio decía que era ‘mejor encender una vela que maldecir la oscuridad’, por ello, cualquier pequeño paso que demos juntos hacia el desarrollo de la inteligencia emocional – en este caso, la empatía afectiva – nos ayudará no sólo a pelear contra el acoso escolar, sino a construir una sociedad mejor en la que convivan líderes más humanos tanto en el ámbito personal como en el profesional.



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