Educando polímatas

Big data, blockchain, realidad virtual o inteligencia artificial son términos ligados a nuestra nueva realidad: La Industria 4.0. Los avances se suceden de manera acelerada y es inevitable que nos preguntemos por el propósito que debería tener la educación. ¿Qué tendría que aprender hoy un niño de 9 años? ó ¿Qué camino profesional debería elegir un joven de 17? Éstas y otras preguntas son las que surgen cuando reflexionamos sobre el contexto actual. Y es que resulta evidente que además de conocimientos relacionados con las nuevas tecnologías, las escuelas presten atención a las habilidades blandas para que los pequeños aprendan a fluir a través de los continuos cambios. Estas ‘soft skills’ tienen el objetivo de desarrollar seres humanos capaces de adaptarse a nuevas circunstancias, crear, comunicarse, innovar y colaborar con otros, independientemente del campo donde el individuo desempeñe su actividad. Campos, que por cierto, cada día tienen límites más borrosos. Y es aquí donde entra a jugar la polimatía.

El concepto de polímata no es nuevo (en la actualidad, los llamamos ‘knowmads’: nómadas del conocimiento) y se define como el individuo capaz de gestionar y mezclar conocimientos de diversas disciplinas: arte, gastronomía, deporte, medicina, finanzas, tecnología,… Algunos dicen que son aprendices de todo, pero maestros de nada. Sin embargo, destacan por su facilidad para entrecruzar saberes y destrezas, y se caracterizan por su polivalencia, curiosidad y creatividad. Leonardo Da Vinci, Gregorio Marañón o Isaac Newton son ejemplos de polímatas que ofrecieron su ‘saber hacer’ polifacético a la sociedad. Y es que cuando un individuo se forma en áreas dispares, aprende a ver las situaciones desde diferentes ángulos, realiza creaciones más originales, y alcanza un nivel más elevado de desarrollo humano.

Educar polímatas plantea un claro desafío porque el sistema está diseñado para favorecer la especialización. Incluso los centros educativos más pioneros que ya apuestan por trabajar el talento y las habilidades blandas con metodologías activas, tienen que ser conscientes que estos dones humanos están vivos, y debido a su naturaleza, es esperable que se transformen gracias al aprendizaje y el paso del tiempo. Si una niña de 12 años siente pasión por el arte y se educa en un ambiente que impulse la investigación, la innovación y la colaboración con otros, es muy probable que su potencial vaya más allá del dominio que originó su camino. Por ejemplo, esta niña convertida en adulta después de determinadas experiencias podría decidir formarse en temas tan diferentes como la psicología, la gastronomía y/o el deporte; dando paso a una metamorfosis de su pasión por el arte hacia una idea original digna de un polímata.

Algunas cuestiones como ¿el talento es innato o aprendido? ó ¿el líder nace o se hace? estuvieron encima de la mesa de debate durante décadas. Ahora, tal vez, la pregunta gire en torno a la polimatía y cómo sería posible educar a los niños y jóvenes desde esa perspectiva. Lo cierto es que, desde mi punto de vista, los polímatas no dejan de ser esos ‘líderes originales’ que saben crear su propio espacio de expresión usando la creatividad que surge de sus pasiones e intereses. Por este motivo, si estamos comprometidos con esta visión deberíamos ofrecer libertad y respeto hacia lo que nos resulta diferente, evitar juzgar a priori ideas que nos parezcan demasiado ficticias (¡el pensamiento divergente puede llegar a ser mágico!), favorecer el consumo de múltiples cursos (por ejemplo, moocs) que representen nuevas oportunidades de aprendizaje, trabajar por proyectos que estén marcados por la diversidad de su conocimiento o impulsar actividades artísticas y filosóficas.

¿Cuál es vuestra actitud hacia la polimatía? ¿Qué acciones realizáis para favorecer el desarrollo de polímatas en casa y en el aula?



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